Skip to content

Testimonio de Javier (Death Café)

 

Mi nombre es Javier, soy profesor de la universidad y he vivido el fallecimiento de mi padre, el de mi madre, bastante longeva y recientemente el de mi mujer. Ha sido distinto evidentemente, cada cosa es diferente.

Como me dedico a la enseñanza, me gusta la innovación y he entendido que la enseñanza es algo más que dar clase, es el alumno el que aprende, no es el profesor el que enseña. Me ha llevado a estudiar neurociencia y evidentemente estoy entendiendo que el fallecimiento de mi mujer fue muy duro evidentemente. El de mi padre fue en otra época y el de mi madre pues la cuide durante bastantes años y la verdad es que no me importaría seguir cuidándola.

Mi madre era una mujer muy vital, de hecho a pesar de los 95 años me decía, “niño has hecho esto, niño has hecho lo otro”. La gente se sorprendía, me decía “he visto que se va a caer” y le decía “pues no la vayas a coger que te va a dar un bastonazo”. Entonces cada persona es distinta. A mi madre la cogí de la mano, ella me miró y yo entendí que se quería ir.

El proceso de la muerte es algo que en la sociedad occidental está muy mal visto, pero si hay algo que sabemos desde que nacemos es que vamos a morir. Nadie va a saber si va a ser ingeniero, arquitecto, etc. pero que va a morir es seguro.

Y además ocurre todos los días, todos los días muere el día, todos los días morimos nosotros varias veces, el que somos por la mañana o somos por la noche, somos totalmente distintos, en otras sociedades muere el día para nacer la noche. La muerte es algo habitual, natural y normal. Y desde un proceso que es habitual, natural y normal, creo que es desde donde hay que empezar a enseñar la muerte desde la vida, porque cuando lo hacemos así, lo vemos como natural, pero es un tabú que normalmente no se habla en casa de la muerte. Se habla de ir al fisio o de juerga, pero la muerte es algo habitual y hay que hablarlo con naturalidad, para que cuando llegue ese proceso, sea normal, que uno entienda que la muerte no es la muerte sino algo más.

Se habla de mente sana en cuerpo sano, pero falta algo más, el espíritu, que es más importante. El caso es que la muerte debe de ser un proceso natural durante la vida. Y lo vemos en la naturaleza todos los días, el gusano que se convierte en mariposa… una serie de cosas que vivimos día a día y que hay que enseñar a la gente. Porque cuando la gente está preparada, no tiene miedo. Porque yo he notado que alguna gente cuando muere tiene miedo. Tiene miedo porque no sabe qué va a haber más allá. Entonces tenemos que evitar que esto no ocurra. 

Para las personas que estamos aquí, es doloroso. Yo os puedo decir que cuando mi mujer falleció cogí unas fotos que tenía mi hija y empecé a ver fotos de mi abuelo que casi no conocía y vi una foto de mi padre que la recordaba con cariño, vi la de mi madre y me gustó menos, pero cuando vi la de mi mujer, ya no me gustó nada. Entonces cuando yo sea capaz de ver las tres fotos iguales, es cuando realmente acepto los recuerdos. Desde el punto de vista emocional es duro, pero hay que prepararse. Evidentemente todas estas cosas las he ido aprendiendo. He ido aprendiendo a través de cómo se comporta el cerebro en muchos aspectos, y la persona cuando fallece lo primero que tiene, mi madre decía que veía al espíritu, no sé si es una alucinación o no, la mente es muy extraña, es tonta, no distingue la realidad real de la creada. Si tú miras una foto de tu hijo y cierras los ojos lo sigues viendo. ¿Lo estás viendo con los ojos de la cara o lo estás viendo en tu mente? es decir, la mente es incapaz de distinguir lo que es real o lo que tu creas. Entonces no sé si realmente lo veía, o recordaba a mi padre y a mi madre. De hecho, lo que busca es alguien que le venga a ayudar, como un niño, porque cuando alguien se muere es como un niño.

Yo veía a mi madre que era una mujer bastante fuerte y dominante y al final era un encanto, y al final era un encanto, hasta la piel la tenía suave, me trataba con un cariño alucinante. Es como si volviera otra vez a mi infancia. Entonces cuando uno se muere es casi volver a ser un niño y busca al padre y a la madre, y si las personas que estamos allí lo ayudamos, y hay que decirle eso, a mí me costó decirle a mi mujer que se iba, pero de alguna manera se lo dije y lo entendió.