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Testimonio de Lola (Death Café)

 

Yo soy Lola y soy cuidadora de mi padre. He sido cuidadora de mi madre y de rosa. He sufrido dos veces, me fallecieron las dos, pero fueron muy distintas. Mi madre falleció porque llegó su hora, tenía 79 años, era joven todavía, pero por sus enfermedades, se sabía que llegaría el momento. 

Rosa no, mi suegra era muy joven, 62 años, ella padecía una enfermedad muy mala y dependía completamente de mí. Ella tenía una traqueotomía, dependía de un respirador, y todo lo hacía dependiente de mí. Ella llegó un momento en el que, cuando decimos lo de la muerte, decimos “es que ya toca”, pero ella no. ella era la que decidía cuando se tenía que ir, ya que la máquina la mantenía. Entonces ella dijo que en el momento en el que ella decidiera que se quería ir, ella avisaba y la teníamos que desconectar. Yo la verdad, nunca había vivido lo que es la muerte. Ahora lo cuento y me cuesta mucho trabajo, pero la verdad es que he aprendido muchísimo.

Cuando falleció mi suegra lo pase muy mal porque claro, ella fue la que dijo por favor lola, habla y que me desconecten. Por señas, porque ella ni hablaba. Y es muy duro desconectar a una persona joven a la que quieres muchísimo, porque lo tengo que decir, era como mi madre. Pero hay que desconectarla y verla dejar de sufrir porque al fin y al cabo ella iba a dejar de sufrir, ella estaba feliz porque estaba con nosotros, pero estaba sufriendo. Y ahí vi la fortaleza que realmente tenemos las personas. Cuando necesitamos descansar, es que decimos que pena, se va. No, es que realmente cuando la persona te lo está pidiendo, tú dices, que fuerte tiene que ser eso cuando ella misma necesita irse y ella es la que te está pidiendo por favor, “desconectadme”.

Tengo que decir que ha sido una experiencia muy mala, tenerla de su mano y ver como se te está apagando porque tú le estás quitando ese aire, tú le estás quitando ese momento de vida, pero tu realmente no le estas quitando la vida, se la estás dando, porque ella realmente no estaba viviendo. Entonces ver la muerte de una manera distinta, que yo no podría explicar con palabras porque eso es para vivirlo. Es un sufrimiento, por un lado, pero una alegría por el otro, porque siempre diré que cuando mi suegra murió, ella empezó a vivir. Ella vivió y nosotros volvimos a ser felices. Es muy duro, pero yo volví a ser feliz porque la vi descansar. Tengo que decir que tienes que tener gente al lado que te apoye y que te ayude. A mí me ayudaron Sonia y Rosa a aprender lo que era la muerte, porque yo no lo sabía hasta ese momento, y lo aprendí con ellas. 

Cuando llegó el momento de mi madre, de todos mis hermanos, yo era la que estaba más entera. No quiere decir que era la que menos sufría, porque mi madre se nos estaba yendo, pero sí comprendía que era el momento, que eso no era vida. Entonces es verdad que se aprende a llevar lo que es la muerte. Pero yo siempre diré que no todas las muertes son iguales. Yo no puedo comparar la muerte de mi madre y la muerte de mi rosa. La de mi madre ya tocaba y la de mi rosa no tocaba, fue mala suerte, tuvo muchos anclajes por el camino hasta que ella vio que no podía seguir. Y lo mejor, es que cuando ella fallece es que realmente lo que teníamos entendido, los que entendíamos que llegaba eso, éramos los únicos que realmente estábamos felices, porque eso ya no era vivir. Pero realmente me ha enseñado muchísimo, he aprendido muchísimo.