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Testimonio de Manuela (Death Café)

 

Yo soy Manuela, soy cuidadora, llevo 9 años cuidando a mi marido, le doy un ictus cerebral severo, se le quedó la mitad del cerebro dormido, y los médicos me dijeron que si vivía se queda hecho un vegetal, y si no se moría en ese trayecto.

Aquello fue un mundo para mí, pero yo ya tenía conocimientos de la muerte.

A los 12 años, yo tenía un hermanito que murió, y entonces yo lo que me preguntaba con esa edad, que por supuesto en casa no se hablaba de la muerte, cuando yo vi a mi hermano recién nacido muerto, que se lo quitaron a mi madre en el dormitorio, ¿si acaba de nacer como que ha muerto? yo me hacía esa pregunta.

Luego, consecutivamente perdí a mi hermano con 48 años, he perdido a dos nietos, y luego llegó mi marido con el ictus. 

De alguna manera, ya tenía yo alguna noción de la muerte, que si nacemos es para morir, pero lo de mi marido me supuso a mi ver la vida de una manera distinta, porque ver a una persona  llena de vida con perspectivas de que nuestros hijos tuvieran los estudios, de que cuando se jubilara iríamos de viaje… aquello se rompió por completo. Verlo con un dodoti y la vista al cielo, fue horrible. Pero bueno, con el tiempo he aprendido a hablar de la muerte y con naturalidad, claro que sí. Quizás podría decir que le tengo más miedo al dolor que a la muerte. No me importa morir, la vida me ha puesto muchas piedrecillas en el camino. Y también tengo que decir que ha sido gracias a Sonia, porque aquello me pilló a mí de sorpresa, yo no pensaba que a mi marido lo iba a ver así nunca. Y si, Sonia me abrió puertas, me abrió mi mente, de que eso era así, y que tenía que aceptarlo. Porque yo no concebía que mi marido se pudiera haber muerto, eran las perspectivas de vida que yo tenía, y el giro que dio de 180º por completo. Adaptarse a una persona que no pensaba, coger las riendas de mi casa… todo, conlleva todo. Decisiones, médicos, tratamientos, rehabilitación. Además de esto, se me atravesó en la vida otra piedra que también tuve que superar, con una hija mía, y me encontré con una hija separada, con una depresión, con mellizas recién nacidas, y con mi marido.

Entonces bueno, con la ayuda de Sonia, mayormente con ella, que es la enfermera enlace de nuestro distrito, del ambulatorio de los rosales, y la verdad es que hace un alabar estupenda. Es una bella persona. Jamás me había encontrado, con lo cerrada que yo era, con una persona como ella. Ella ha tenido tanta paciencia conmigo… no me dejaba, me decía que fuera a cursos, hablaba con mi hija y le decía “es que manuela no se abre” y mi hija decía “pero ¿cómo has conseguido que mi madre se abra? Y yo tengo que agradecerle toda la vida como ha trabajado conmigo, porque yo era una persona muy cerrada. Me imagino que con todo el mundo porque es muy querida.

Había un enfermero enlace que recién dado el ictus a mi marido, no me acuerdo muy bien de su nombre, pero está en el Juan Ramón. Ese hombre también me ayudó muchísimo, porque desde que yo lo vi que entró en la habitación así con mi marido y me dijo: “Manuela, tu vida ha cambiado”. Me dijo que tenía que prepararme porque incluso mi sexualidad había cambiado. Y aquel hombre también me hizo ver la realidad que yo tenía en esa habitación. Luego ya me cogió Sonia y hasta aquí. Tengo algún problema y Sonia me lo soluciona. Y a veces no queremos molestarla porque sabemos que tiene un trabajo enorme, pero aun así ella siempre nos atiende.

Os voy a contar una anécdota. Ella puso en el WhatsApp lo de esta reunión y mis compañeras y yo ya habíamos venido en otras ocasiones. Y le puse: “Sonia, no voy a poder ir porque tengo una cita con la médica”. Pues a pesar de lo liada que esta, habló con la médica y a las ocho en punto me estaba llamando la médica y tenía la cita a las diez y media, para que yo pudiera venir aquí.

Ella me ha ayudado mucho, en lo interior y en lo exterior. Yo me he confiado a ella y ella sabe muchas cosas mías, me sigue preguntando cómo voy.