Skip to content

Testimonio de María Clara Morgado Carapeto

 

A principios de 2019, la enfermedad entró en nuestra casa de manera abrumadora, a mi hermano Carlos le diagnosticaron un cáncer de vías biliares, se inició todo un proceso de consultas, análisis, pruebas específicas, cirugías, quimioterapia, etc. Yo, su única hermana, con la que siempre ha vivido, asumí plenamente el papel de cuidadora, en los 21 meses que lo acompañé y traté, también conté con la ayuda de mi Tiago, que era su ahijado y que en las fases críticas estuvo siempre a su lado. No puedo dejar de mencionar el apoyo diario e incondicional de una amiga muy querido que Dios puso en mi camino y a la que considero mi segunda madre que me llama todos los días y fue a verlo varias veces a H.C.C., y siempre me apoyó incondicionalmente. Formamos un equipo, juntos, muy discretamente le apoyamos, sin rendirnos nunca, ni arrepentirnos, desde el primer día siempre confiamos y entregamos todo en las manos de Jesucristo y de su Madre Nuestra Señora de la Misericordia, (sin rendirnos nunca), por el contrario siempre creímos que Carlos iba a poder superar su enfermedad, y para que eso fuera posible siempre luchamos para que la enfermedad no le venciera y se curara.

En este viaje también conté diariamente, con el apoyo de algunos familiares que fueron incansables, así como reconocimos que realmente teníamos tantos amigos que quedarán marcados para siempre en mi corazón por sus actitudes de asesoramiento, acompañamiento, consuelo, afecto, compañía, oraciones, etc. Es en las horas difíciles que viene uno que son los verdaderos amigos (gran verdad), siempre supimos que teníamos muchos amigos, porque siendo hijos terrenales, siempre recibimos mucho, en algunas ocasiones del año, pero tan generosos y dedicados fue realmente, muy bueno sentir el afecto y la amistad de todos ellos, no voy a mencionar nombres, porque realmente son muchos y no quiero dejar ninguno atrás.

Siempre actuábamos y hacíamos, en la medida de lo posible, una vida normal, invitando a los amigos a comer con nosotros y viceversa, íbamos a lugares tranquilos para cenar, íbamos a pasear a lugares donde podíamos caminar un poco, siempre escuchábamos mucha música clásica (IL Divo, Andrea Bocelli) y muchas óperas porque era uno de los pasatiempos favoritos de Carlos, escuchando buena música, en su habitación el canal que siempre se seleccionaba era el de Mezzo, sin contar las noticias que seguía y que me hacía el resumen diario, incluyendo el fútbol, un hobby al que se dedicó durante algunos años, ya que era uno de los presidentes de Campinense, que también ahora le rendía homenaje.

Siempre que nos fue posible, y así lo hicimos, nunca dejamos de ir a misa en el Santuario de la Madre Soberana, cuando fuimos al Hospital Curry Cabral nunca entramos sin antes ir a rezar a Nuestra Señora de Fátima, porque la iglesia de Nuestra Señora de Fátima está cerca del Hospital.

En las tres semanas que Carlos estuvo ingresado en el Hospital Curry Cabral, siempre conté con el gran apoyo del Padre António Martins, que además de visitarlo varias veces, siempre que iba los domingos a la Capilla do Rato, donde es Capellán, en sus intenciones mencionaba, sin que yo le preguntara nada, el nombre y la cura de Carlos, nunca olvidaré el gran apoyo que me dio durante y ahora después de su partida a la casa del Padre, así como el bello homenaje que le rindió en las redes sociales.

Durante todo este proceso, también recurrimos al apoyo del Dr. João Belles, Profesor de Naturopatía y especialista en medicina natural/acupuntura, que no cura el cáncer, pero que da un gran apoyo al paciente para poder soportar con mejores valores hematológicos los tratamientos de quimioterapia y que siempre ha estado disponible para ayudarnos, viniendo a nuestra casa cuando se sentía más debilitado.

En las consultas del Hospital Curry Cabral, también contamos con el apoyo de su cirujano hepatobiliar, el Dr. Luís Carmona Bicho, que incluso nos proporcionó su teléfono móvil privado en caso de que fuera necesario contactarlo.

En el Hospital de Faro, en Oncología, tuvimos el apoyo incansable de la Dra. Elsa Campoa, que siempre trató a Carlos y nos acogió, como si fuéramos de su familia, a la enfermera Daniela Narra, siempre muy atenta, todo un equipo de 5 estrellas, que lo mimó y lo animó, aunque nunca se quejó ni se arrepintió, la respuesta es que todo estuvo siempre bien.

En agosto de este año 2020, empecé a notar que le empezaba a faltar fuerza y para minimizar este efecto empezó a tomar dos tipos de inyecciones en el Centro de Salud de Loulé, fue en uno de estos viajes al Centro de Salud que Dios nos puso de nuevo, en el camino una persona de una humanidad y dedicación total a su profesión a la Enfermera, Lília Nunes, una persona tan humana y dedicada que se ofreció a venir a nuestra casa para administrar las inyecciones a Carlos, Fue de tal sencillez y atención que nunca olvidaré tal dedicación y sus palabras que me ayudaron a buscar nuevamente el apoyo del Padre Carlos Aquino, quien siempre ha sido incansable en venir a nuestra casa para administrar el sacramento de la «Santa Unción» en la fase final y en el bello y sencillo homenaje que le rindió en la homilía de la «Misa del Cuerpo Actual» el 2/10/2020.

Aprovecho esta oportunidad para mencionar el hermoso homenaje que le hizo nuestro amigo el Dr. João Miguel Chagas Aleixo en las redes sociales donde todos sus amigos hicieron comentarios y se conmovieron con su texto tan rico y tan simple a la vez.

Nunca me convencí de que Carlos estuviera en la fase final, porque en el último «Pet Scan», en abril la enfermedad había disminuido.

Ahora, después de su partida a los brazos de su Madre, la dulce Madre Soberana, me pregunto todos los días, ¿qué ha fallado? – ¿Fue por el Covid 19, que nunca conseguimos tener citas cara a cara con el Dr. Luís Bicho, o porque todos los médicos del H.C.C. fueron suspendidos de trabajar allí mientras duró la pandemia?

Carlos iba a realizar un nuevo Pet Scan el 23/10, fue admitido el 24/10, y de común acuerdo pensamos que sería muy cansado ir a Lisboa para el examen, porque lamentablemente aquí en este hermoso Algarve falta todo excepto la buena voluntad de los profesionales de la salud, y finalmente tuvo una cita cara a cara el 12/10, pero lamentablemente ya no estaba aquí.

Carlos cumplió 73 años en mayo, era un hombre muy amable y paciente, bueno, humilde y siempre con una sonrisa para todos.

En sus actividades diarias era activo, en agosto todavía iba a recoger los higos que tanto le gustaban y las almendras que todavía pelaba, cada día cuidaba nuestro pequeño jardín. Cómo admitir que ya no está aquí, sé que nos volveremos a encontrar el día de la «Resurrección Final» y que donde él vela por nuestro bienestar y me da fuerzas para caminar con coraje y determinación, pero la falta de su presencia física es enorme, nunca estamos preparados para la separación hasta la eternidad.

Siendo la hortensia, en el lenguaje de las flores, la flor de la gratitud, dejo aquí una hortensia para todos los que me han acompañado en esta fase tan difícil de mi vida.