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Testimonio de Raquel Gonçalves

 

La muerte y lo inevitable.
 Y lo inevitable es hablar de la muerte.
Cada individuo cuando escucha la palabra cáncer, la muerte aparece como una de las respuestas asociadas… así como la tristeza, la curación, el dolor, el miedo, el tratamiento, la enfermedad, la pérdida de cabello.
Me pregunto, pero ¿por qué no estamos educados y preparados para tratar con la muerte como lo estamos con la historia, la geografía, los mayas, el cuerpo humano?
Todos conocemos a alguien que ha tenido cáncer, ya sea un amigo, un pariente, un conocido, un colega o incluso nosotros mismos.
¡Los signos aparecen, nos hacen pruebas y nos diagnostican!
 El cáncer se convierte en nuestro trabajo a tiempo completo… Incontables citas, exámenes, tratamientos y más citas…
Ya sea que ese trabajo sea a tiempo completo y con el propósito de curar o retrasar la progresión de la enfermedad… la incertidumbre marca la nueva vida.
Sentimientos de miedo, culpa, ira, negación, depresión, shock, soledad o pérdida de control llegan a dominar nuestras vidas cuando se anuncia la letra C.
Algunos de nosotros vivimos como si hubiéramos tenido cáncer. Otros tienen cáncer, otros viven con las consecuencias de haber tenido cáncer y otros viven más allá de tener cáncer.
Pero lo que todos tenemos es la certeza de que un día moriremos. Ya sea por la letra C o no.

Uso estas tablas para construir mi ataúd. Preparo mi final. No sé cuándo será, pero lo prepararé. Quiero usar tablas que se usaron, que tuvieron vida, que pueden contar una historia. Quiero que se pinten de azul como el mar. Quiero que se decoren con margaritas. Y sobre todo, quiero que toques la canción de Tina Turner «Simply the best» en voz alta. Quiero que toméis una copa de vino, lo que queráis, porque lo que realmente quiero es que seáis felices en cada momento de vuestras vidas, aunque sea el momento de la muerte.