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Testimonio de Rosa María (Death Café)

 

Yo soy Rosa María y he sido cuidadora desde que tenía 11 años, porque a mi madre la operaron de un pecho y, aunque no fue cáncer, psicológicamente se la cargaron. Desde entonces padeció una enfermedad mental, siempre estaba enferma, con los nervios desquiciada, ya era horroroso, entonces yo ya desde pequeña me convertí en cuidadora.

Cuando mi madre se fue, ella seguía conmigo, ella seguía con nosotros. Luego después mi padre, cuando ya empezó peor, cuando ya llegó su hora, me cogió con él sola en el hospital, yo le cantaba, para mí era un bebe, mi niño. Como yo cuidaba a mis nietos también, yo le decía: “¿papá, te canto?” y él me decía “sí, sí, sí”. Y cuando murió lo agarré de la mano y le canté una nana. Él dejó de respirar y fue una muerte tranquila. Yo le pedía a dios, aunque yo pienso, que todas las creencias son importantes. Porque yo creo que esta energía que tenemos se va del cuerpo pero esto sigue porque para mí, todos los que se han ido siguen aquí. Entonces yo le pedía a dios que mi padre no tuviera una muerte mala, no quiere verlo intubado ni que sufriera y mira, sea dios, la naturaleza o lo que sea, a mí me escuchó y mi padre tuvo una muerte dulce. Lo eché muchísimo de menos pero mis padres siguen estando aquí conmigo porque yo todos los días con mis nietos, ellos hablan de mis padres como si estuvieran vivos, entonces ellos siguen estando vivos con nosotros. Y les pido ayuda a ellos. Mi madre era muy religiosa y siempre que pasa algo yo le digo: “mamá, ahora que estás ahí ayúdame”. Yo pienso que la persona es una energía que se va del cuerpo pero esa energía sigue con nosotros, y a mí eso me llena de esperanza. 

A mí lo único que me da miedo de la muerte es el sufrimiento de antes, pero después el hecho de morir no lo sé. Pienso que es una relajación y es parte de la vida. A mí, particularmente, no me da miedo de morirme, me da miedo el sufrimiento.