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Testimonio de Rosa (Death Café)

 

Yo me llamo Rosa, soy estudiante de cuarto de enfermería y bueno, aunque mi experiencia no es el recorrido de muchas de las que estáis aquí, pues yo quería contar que este acercamiento me ha servido  para cambiar mi perspectiva de mirar la vida, mis planteamientos, mi día a día. 

Yo cuando entre en enfermería no sabía realmente lo que era, yo sabía que quería trabajar ayudando a gente en situaciones complejas, y la gente me decía “esos son problemas”, “tienes que aprender a no llevártelo a casa”, “vas a sufrir mucho”. Incluso mis padres me decían: “bueno rosa, tu sabes que vas a estar en un hospital y ahí no le gusta estar a nadie” y yo decía que no, que yo sentía que yo quería ayudar a las personas. Y así entre en enfermería.

Y yo, el primer cuatrimestre de enfermería, me iba todos los días emocionada a casa, porque yo decía “es que esto es lo mío” y yo estaba deseando empezar las prácticas porque yo quería acercarme a eso.

Y cuando empecé en el hospital y vi la primera muerte, me fui a mi casa y dije “ostras, es que esto es la vida. La vida es la muerte”.

En mi familia, no tenía a nadie sanitario. Yo, como la mayoría de familias, no tienen esa posibilidad o esa suerte de contar con una persona sanitaria que te permita ver esa visión. Así que yo sola me tenía que ir dando cuenta de ese cambio. Entonces, poco a poco me di cuenta de que la muerte es una etapa más. Igual que planificas el día de mañana, puedes planificar tu muerte. Que no hace falta romper tu perspectiva de futuro, pero sí disfrutar del hoy. Si hoy puedo estar aquí, hoy estoy aquí. Eso a mí me hizo cambiar.

También, hace un año, viví la muerte de un familiar en cuestión de un mes. Entonces claro, en mi familia yo siempre he sido la que saca el tema de la muerte. Siempre digo, “pues a mí me gustaría que fuese así”, “pues yo voy a hacer esto porque no sé si mañana voy a estar aquí” y mi familia siempre dice “rosa, hay que ver, siempre estás pensando en lo mismo”. Y yo claro, pues cuando me enteré de que a mi tío le habían detectado un cáncer, todo el mundo se pasó mucho tiempo para contármelo. Entonces empecé a investigar qué es lo que le pasaba.

Cuando lo vi, era otra persona. Dije: “le quedan días”. Y todo el mundo me preguntaba como si tuviera mucha experiencia. Aunque solo estaba en tercero de enfermería. Me decían: “rosa, ¿tú cómo lo ves? ¿Tú crees que haciéndole esto…? al final decidieron darle quimioterapia y duró tres días.

Cuando llegó el momento de la muerte había muchísimo miedo. Notaba a mi familia con muchísimo miedo. Obviamente yo tenía sufrimiento, sentía que se estaba yendo, pero hablaba de manera muy natural. Entonces, creo que el afrontamiento que yo tuve a esa pérdida, porque mi tío era como un padre más, y mi tía es como una madre más… tía, abuela… porque yo no he tenido abuelas, que es a lo que a esta edad se supone que hemos sufrido.

Entonces, cuando yo sufrí esa pérdida, sentí que me cambió también. Porque yo veía a mi tía Jove, una persona de cincuenta y tantos años, con muchísima vitalidad, con muchísima vida, pero muy ligada a su marido. Entonces la pérdida de su marido fue la pérdida de la mitad de su persona. Ella sentía que perdía a su persona y que su vida había terminado. Entonces, a lo largo de todo este año, ella siempre me dice “es que cuando hablo contigo me siento mejor”. Porque me decía “es que no puedo llorar”, y yo le preguntaba “¿y por qué no puedes llorar? Si es que a ti te duele. O me decía “ay que risa me ha hecho esto” y le decía “¿y por qué no te puedes reír? ¿Por qué no te puedes expresar? Entonces, como ella siente que conmigo puede expresar como se encuentra en ese momento, pues creo que a lo que ha dicho Begoña al principio de buscar el placer, también se ve en la sociedad que en este momento me rodea, que no quiere hablar de la muerte porque lo asocia al sufrimiento.

Pero ¿Por qué no hablar de la muerte? Si es que lo único seguro que tenemos desde que nacemos es que vamos a morir.