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Testimonio de Sonia (Death Café)

 

Yo sé que hay mucha gente que me quiere porque ellas son encantadoras y, aunque no he podido estar presente en esto, me lo puedo imaginar, porque es que ellas donde vayan solo hablan cosas buenas de mí, que no las merezco, porque si es verdad que yo realizo un acompañamiento profesional y creo que esto es algo fundamental. Empecé todo esto un poco con la vivencia personal de un momento de mi vida muy crucial en el que pasaron muchísimas cosas que fue el pre diagnóstico de un cáncer en mi hija de cinco años, que al final no lo fue, pero que lo viví durante todo ese tiempo como si lo fuera. Era una niña sana que de pronto empieza a tener problemas, no importantes, sino una tristeza en la cara y demás que, cuando la llevamos al médico nos dijo que parecía un linfoma. 

Cuando me da ese diagnóstico vivo un momento con unas circunstancias muy especiales en mi vida donde tenía a mi padre en su fase final. Un padre con una fase final sin nombre en aquella época, porque en aquella época no existía el equipo de soporte de cuidados paliativos y era muy difícil ponerle el apellido de paciente paliativo a un paciente, supongo un poco por las circunstancias que se dieron en aquella época.

Es verdad que yo en aquel momento no tuve la suerte de tener a una persona que me acompañara en ese proceso y, vivir la muerte de mi padre justamente en ese momento, con una complicación importante que tuvo, pensaba que no era su muerte. No fue hasta unas ocho horas antes de morir cuando realmente me di cuenta de que mi padre se estaba muriendo.

Entonces, por esas vivencias que tuve y cuando al final acaba el proceso, me dan el diagnóstico de que mi hija no tiene nada y mi padre fallece a los quince días, empiezo a tener los sentimientos de culpa que acabo de escuchar en la compañera. De “bueno, si yo lo hubiera sabido me hubiera quedado más veces con él, hubiera estado más tiempo, a lo mejor no hubiera hecho algunas de las cosas que hice en ese momento…” y bueno, entendí que como profesional lo que había aprendido de esto es que era importante dar una respuesta a las personas que acompañan en el proceso de enfermedad, en el proceso final de vida, de sus familiares. También coincide en ese momento que me voy a trabajar a primaria y que tengo que trabajar con pacientes crónicos complejos y con pacientes que están al final de la vida. Empiezo a trabajar con las cuidadoras, a que ellas aborden su proceso de la mejor forma posible, que aprender a cuidarse en su proceso de enfermedad y empezamos a abordar, dentro de esos talleres, el abordaje del proceso de muerte y el proceso final de vida de la familia.

Tuve la suerte también de contar con unas cuidadoras entregadas al 200% y que se crea una relación porque al final cuando tu empiezas a trabajar con el paciente y con la familia, abordando no solo la parte física sino también la psíquica y emocional del paciente e incluso la parte espiritual, pues te das cuenta que florece esa parte que todo el ser humano tiene pero que en el día a día no está, y en ese momento de la vida, sí está. Entonces es fácil cuando aprendes a normalizar tu propio proceso. 

Está claro que todo profesional que acompaña al paciente tiene que hacer un proceso interior previo de cómo vive su proceso de muerte el, porque si el personal no tiene un buen abordaje de su proceso de muerte, difícilmente va a poder acompañar de una forma sana al familiar, de forma que nosotros cuando entramos en la familia nos volcamos al 200% pero cuando salimos nuestra vida continua. Ahí estamos, pero somos un profesional, si nos volvemos paciente o si nos volvemos familia, perdemos nuestra parte profesional, por eso es importante el abordaje propio del profesional sanitario

Y bueno, creo que es muy importante la formación pero muy muy importante es el entregarse en todo tu ser. Yo he acompañado a personas que no podían hablar sin embargo se comunicaban con la mirada, con las caricias… que ahora es un poco complicado con la situación que estamos teniendo. Pero que la comunicación es la herramienta fundamental de los profesionales que atendemos a los pacientes en esta situación. Y hay que enseñar a la familia que no solo hay que atender esa parte física, sino también la emocional y espiritual para que se cree el clima de acompañamiento real, donde todo el mundo pueda hablar de todos los sentimientos, de cómo está llevando el proceso, de que si me toca llorar lloro. Yo lloro muchas veces, pero lloro de contagio emocional, pero no de sufrimiento o culpabilidad. Y por eso, no tengo seguidoras sino muchas amigas que me quieren.